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Guía de compra · Anticuerpos

Qué anticuerpos necesito para empezar en inmunohistoquímica

El panel mínimo con el que un laboratorio resuelve la mayoría de sus casos, y en qué orden conviene ampliarlo

9 minutos de lectura

Montar inmunohistoquímica no empieza por comprar cincuenta anticuerpos. Empieza por un puñado que resuelve la pregunta más frecuente de la bancada —de dónde viene este tumor— y crece después hacia los casos que cada laboratorio ve con más frecuencia. Esta guía ordena esa compra.

Primero: separar las tres grandes familias

Ante un tumor indiferenciado, la primera pregunta no es el diagnóstico final sino de qué estirpe se trata: epitelial, linfoide o mesenquimal. Resolver eso con tres o cuatro marcadores reorienta todo el estudio y, en la práctica, es lo que más veces se pide.

El panel de arranque razonable para esa pregunta es: una citoqueratina de amplio espectro (AE1/AE3) para lo epitelial, CD45 —antígeno común leucocitario— para lo linfoide, vimentina para lo mesenquimal, y S-100 junto con SOX10 para la estirpe melanocítica, que es la que más veces se disfraza de otra cosa.

Con ese núcleo, un laboratorio ya responde la mayoría de las consultas que hoy manda fuera.

Segundo: el origen de una metástasis

La consulta que sigue en frecuencia es la metástasis de origen desconocido. Ahí el patrón de citoqueratinas es la columna vertebral: CK7 y CK20 combinados orientan el territorio, y a partir de ahí se confirma con marcadores de órgano.

Los que más rinden en la práctica diaria y están en el catálogo: TTF-1 y Napsin A para pulmón; CDX2 y SATB2 para tracto digestivo bajo; GATA3, mammaglobina y GCDFP-15 para mama; PAX8 para riñón, tiroides y ginecológico; PSA y AMACR para próstata; HepPar1, Arginasa-1, Glypican-3 y AFP para hígado; WT1 y calretinina para mesotelio y ovario; inhibina para tumores de cordones sexuales.

No hace falta comprarlos todos de entrada. Conviene mirar los diagnósticos del último año del propio laboratorio y pedir primero los que corresponden a lo que de verdad llega por la puerta.

Tercero: linfomas y mama, los dos paneles que se piden completos

Hay dos escenarios donde el panel no se arma a pedazos porque el informe lo exige completo.

En patología linfoide: CD3 y CD5 para la serie T, CD20 y CD79a para la B, CD10, BCL-2, BCL-6 y MUM1 para los centros germinales y la clasificación de linfoma difuso, PAX5, ciclina D1 para el del manto, CD30 para Hodgkin y anaplásico, TdT para precursores, más CD4 y CD8 para evaluar poblaciones y Ki-67 como índice proliferativo.

En carcinoma de mama invasor, el informe no se cierra sin receptor de estrógeno, receptor de progesterona, HER-2 y Ki-67. A eso se suma E-cadherina para separar ductal de lobulillar, y p63, CK5/6 o p40 para evaluar la capa mioepitelial cuando la duda es invasión frente a carcinoma in situ.

Lo que hace falta además de los anticuerpos

Un error frecuente al presupuestar: pedir los anticuerpos y descubrir después que falta todo lo demás. La inmunohistoquímica no funciona sin estos cuatro elementos.

Sistema de detección

El anticuerpo primario no se ve por sí solo. Hace falta el sistema polimérico de detección, y conviene que sea de la misma línea que los anticuerpos para que el protocolo esté validado de punta a punta.

Portaobjetos cargados

La recuperación antigénica por calor despega los cortes de un portaobjetos común. Con carga positiva no es opcional, es requisito.

Buffers de recuperación

Citrato o EDTA según el marcador. Si los preparas en el laboratorio, usa sales de grado analítico: las impurezas se traducen en fondo inespecífico.

Controles positivos conocidos

Sin un tejido control con expresión conocida para cada marcador no hay forma de distinguir una muestra negativa de una técnica fallida. Define los controles antes de la primera corrida.

Cómo escalonar la compra

Un orden que funciona para un laboratorio que está arrancando: primero el núcleo de estirpe —AE1/AE3, CD45, vimentina, S-100— junto con el sistema de detección, los portaobjetos cargados y los controles. Segundo, el par CK7/CK20 y los tres o cuatro marcadores de órgano que más correspondan a tu casuística. Tercero, el panel completo del área en la que tu laboratorio tiene más volumen: mama o linfoide, según el caso.

Comprar en ese orden tiene una ventaja concreta: cada etapa empieza a producir informes —y a generar ingreso— antes de pagar la siguiente.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos anticuerpos necesito para arrancar?
Con cuatro a seis bien elegidos —una citoqueratina de amplio espectro, CD45, vimentina y S-100, más el sistema de detección— un laboratorio ya resuelve la pregunta de estirpe, que es la más frecuente. El resto se agrega según la casuística propia.
¿Conviene comprar anticuerpos concentrados o listos para usar?
Para un laboratorio que empieza, listos para usar. Eliminan el error de dilución, que es la causa más común de resultados no reproducibles entre corridas y entre técnicos. El concentrado tiene sentido cuando ya hay volumen alto y un protocolo de dilución validado.
¿Puedo mezclar anticuerpos de distintas marcas?
Se puede, pero cada marca puede pedir una recuperación antigénica distinta y eso complica la corrida cuando trabajas varios marcadores a la vez. Mantener el panel y el sistema de detección en una sola línea simplifica la estandarización.
¿Qué pasa si un marcador sale negativo en todo el panel?
Lo primero es revisar el control positivo de esa corrida. Si el control también falló, el problema es técnico —recuperación, detección, reactivo vencido— y no de la muestra. Por eso el control no es un trámite: es lo que permite interpretar un negativo.

Lo que necesitas, en el catálogo

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